ALLENDE EL ESPEJO

Por HERMANN TERTSCH
El País  Sábado, 07.09.02

LA SITUACIÓN EN EL PAÍS VASCO

Los nervios de algunos están desatados en estas postrimerías del verano. Y con razón. Porque en pocas semanas han cambiado mucho las cosas en Euskadi y quienes tan cómodamente han cosechado réditos de la situación previa, de la intimidación masiva de todas las opciones políticas no nacionalistas, de la impuesta catequesis etnicista a cargo de los fondos públicos y de la constante llamada a la complicidad o al menos generosa comprensión hacia los móviles del crimen. Están nerviosos muchos. Porque todo parece indicar que se ha acabado la larga fiesta de la impunidad del ‘pim, pam, pum’. Los asesinos han ido llenando las cárceles de forma inexorable en los últimos años pero sus jaleadores, exégetas y mecenas gozaban de esa exquisita normalidad que se les negaba a todos los que discrepaban con ellos.
Joseba Azkarraga, consejero de Justicia del Gobierno vasco, está tan preocupado como Arnaldo Otegi ante la evolución puesta en marcha por la Ley de Partidos Políticos y los autos del juez Baltasar Garzón. ¿Por qué rayos acaban coincidiendo siempre estos dos personajes? Hoy el partido de Azkarraga, Eusko Alkartasuna, ha convocado una beatífica manifestación en ‘defensa de las libertades’ de esa asociación de delincuentes que es Batasuna, por muy honrados, que no honestos, que sean sus votantes. Euskadi ha sido Weimar durante demasiado tiempo. El suficiente para que una o dos generaciones crean que no hay alternativa a la sumisión y que es conveniente y rentable adaptarse o asociarse con quienes imponen ese miedo que emponzoña pensamiento y conductas. Ha sido más barato calumniar al judío constitucionalista que reprender al camisa parda aberzale.

Dicen el PNV y EA y el bufón minoritario de Ezker Batua, que Batasuna pasará a una clandestinidad cuasi heroica. Aseguran que decenas de miles de votantes de Batasuna se lanzarán al monte como partisanos balcánicos. Tranquilos, porque no va a pasar. Nuestros muy instalados y burgueses beneficiarios de la inmensa red de ventajismos, extorsiones y subsidios tienen casa propia, costumbre de aperitivo y relaciones muy humanas forjadas en esa propia normalidad de la que no gozan sus adversarios políticos. No van a renunciar a ello. Cuando los convocantes de una manifestación de apoyo al crimen paguen con su hacienda, los padres de menores fanatizados tengan que asumir los daños causados por sus querubines y los propietarios de los bares en Euskadi echen sin contemplaciones a quienes quieren imponerles en el local una hucha para financiar a los asesinos, saldremos, paulatinamente, del estado de excepción. Tras más de dos décadas de perplejidades, confusión y complejos, estamos asistiendo a la proclamación de la mayoría de edad de la democracia en España. Es motivo de satisfacción aunque persistan las amenazas de muerte y dolor. Aunque los nervios lleven a algunos que creíamos parte de la sociedad civilizada y democrática a saltar al otro lado del espejo.
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LA CUMBRE DE LAS RELIGIONES EXPRESA EL MIEDO ANTE LA ACTITUD AMENAZANTE DE EE UU

Por HERMANN TERTSCH
El País,  Palermo, 04.09.02

Líderes religiosos, políticos e intelectuales critican el unilateralismo de la política de Bush

George W. Bush tiene poder militar y económico más que suficiente para ganar una guerra a Irak y derribar al régimen de Sadam Husein. Pero no tiene ni tendrá nunca el poder necesario para garantizar la seguridad de EE UU y de sus ciudadanos ni la estabilidad y la muy precaria paz en el mundo si se obstina en su actual política unilateralista y de enfrentamiento con todo aquel que no muestre plena adhesión a sus planes. Éste es el mensaje que emana de la Cumbre Mundial Interconfesional celebrada en Palermo.
En la ciudad siciliana se congregaron 1.500 líderes religiosos, políticos y sociales, intelectuales y analistas, convocados por la comunidad romana de San Egidio. Estuvo omnipresente el conflicto de Oriente Próximo y la estrategia de dinamitación de puentes de contacto y diálogo. Las intervenciones, que no escatimaron críticas al fanatismo y a la intoxicación política e ideológica de las religiones, condenaron en abrumadora mayoría la lógica del uso de la fuerza militar y la humillación que domina la política de EE UU e Israel así como las estrategias apocalípticas del fundamentalismo islámico.
En Palermo quedó patente la creciente soledad de la Administración norteamericana con su política hacia Irak como en Oriente Próximo. Todas las muestras de solidaridad y simpatía hacia EE UU como víctima del ataque del 11-S no han eclipsado en los dos días de deliberaciones la manifestación masiva de desasosiego, cuando no miedo explícito, ante la política norteamericana, compartido por los representantes de las grandes religiones mundiales, así como intelectuales y políticos de todo el mundo.
El embajador de EE UU ante la Santa Sede, Nicholson, confirmó a EL PAÍS que el Vaticano le manifiesta desde hace meses su grave preocupación y disconformidad con la política norteamericana hacia Irak y en Oriente Próximo. ‘Es evidente que nosotros tenemos aún que hacer un gran esfuerzo de información para que los demás compartan nuestra convicción de que Irak supone un peligro inminente’. El embajador recordó que el diplomático y ex jefe de la CIA recientemente fallecido, Vernon Walters, solía viajar a Roma en la década de los ochenta, enviado por Ronald Reagan, para enseñarle al papa Juan Pablo II los mapas aéreos que demostraban el despliegue de misiles soviéticos en Centroeuropa y que evitaron la oposición del Vaticano a la doble decisión de la OTAN, cuando en la década de los ochenta se acordó estacionar misiles de alcance medio en Europa como respuesta al despliegue de las SS 20 de la Unión Soviética.
Nicholson considera que la actual situación requiere de su país de un esfuerzo explicativo a los aliados todavía pendiente. ‘Tenemos mucha información, pero hay que compartirla’ dijo, en lo que parece un alineamiento con su secretario de Estado, Colin Powell, opositor a la política unilateralista del vicepresidente Dick Cheney y del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld.
Desde 1986, cuando, por deseo expreso del Papa, se organizó en Asís el primer gran encuentro ecuménico para el diálogo entre las religiones y la cultura, la Comunidad de San Egidio ha logrado institucionalizar este foro de diálogo de autoridades de todo el mundo en un esfuerzo común por rebatir las tesis sobre la inevitabilidad del choque de civilizaciones. En ciertos campos ha logrado éxitos insospechados, como su mediación decisiva en las negociaciones para poner fin a la guerra en Mozambique.
Los retos actuales, un año después del atentado a las Torres Gemelas, exceden todo lo habido y han dominado todos los foros de la conferencia. El Papa Juan Pablo II, cuya alocución fue leída en la apertura, expresaba su preocupación por la evolución tras el fatídico 11-S. El presidente de la Comunidad de San Egidio, Andrea Riccardi, hizo un balance demoledor del proceso de descomposición de la confianza que, tras las esperanzas de un mundo más seguro surgidas con la revolución democrática en el Este de Europa, amenaza con romper toda cultura del diálogo, especialmente desde el 11-S. África cautiva por el hambre y la miseria; parte de Latinoamérica en plena espiral de violencia y pobreza; Oriente Próximo en guerra; otra guerra, probablemente más terrible, en ciernes y las intolerancias y los fanatismos nacionales e ideológicos resurgentes en todo el mundo, así como el reactivado culto a la fuerza militar, han marcado este encuentro en el que se ha querido hablar de la identidad, de la fe y de la diversidad. Pero, bajo el peso de la realidad, se ha hablado más de las amenazas para la frágil convivencia entre culturas, religiones y civilizaciones.

CONVERGENCIA DE CULTURAS

Miles de policías han ocupado Palermo estos días durante el XVI ‘Encuentro Internacional sobre Religiones y Culturas, entre el conflicto y el diálogo’. En las torres de la magnífica catedral de Palermo y los balcones del Palacio de los Normandos, pero también en cada esquina, en helicópteros, coches y camiones, vigilaban la capital de Sicilia en busca de una amenaza difusa.
Un encuentro de destacados católicos y protestantes, musulmanes suníes y shiíes, rabinos, monjes budistas y sikhs, tiene muchos enemigos potenciales. Más aún a una semana de cumplirse un año desde el 11 de septiembre. El diálogo entre culturas y religiones, entre civilizaciones a las que muchos quieren obligar a enfrentarse, está en peligro.

La elección de Sicilia como sede de este encuentro no era casual por tanto, dado su pasado fenicio, griego, romano, normando, árabe, español e italiano y su papel en la historia como plataforma de convergencia de culturas y religiones, pero también como triste escenario de la crueldad, la ignorancia y la intolerancia.
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EL CORAZÓN ANEGADO DE EUROPA

Por HERMANN TERTSCH
El País  Lunes, 02.09.02

REPORTAJE

Las riadas en Alemania han sido tan devastadoras como una guerra y han demostrado el poder de la naturaleza sacada de quicio

En apenas dos semanas toda la región se ha visto inmersa en la desgracia

Los transportes militares repletos de tropas atascan el tráfico urbano, soldados y unidades especiales de la policía controlan la entrada en barrios enteros y la impiden totalmente en otros, zonas de las ciudades y pueblos quedan en absoluta oscuridad y vacías por la noche. De día, los helicópteros vuelan a baja altura y las excavadoras y los generadores rugen en todas las esquinas como carros de combate. Sus estruendos se mezclan con el aullido de las sirenas, de policía y ambulancias pero también de las que llaman a la evacuación urbana o llamada a los refugios, como otrora cuando se acercaban aviones enemigos.
Las carreteras están cortadas a centenares y decenas de miles de nuevos carteles indicadores de desvíos, advertencias y prohibiciones acechan en cruces y esquinas. Zapadores intentan construir puentes urgentes donde antes los había medievales. Por todas partes uniformes, de soldados y oficiales en sus jeeps, de bomberos, de la protección civil y la policía, la Cruz Roja y cuerpos extranjeros. Pero lo que más se ve son ruinas, escombros, casas arrasadas, demediadas o convertidas en fantasmales cascarones, vacías y sin ventanas, puentes destruidos, postes eléctricos derribados, iglesias abiertas y desnudas, huertas arrasadas y fábricas y naves industriales desvencijadas.
Es éste el aspecto que ofrece el corazón del viejo continente en este verano tardío de 2002 al viajero que visita sus ciudades grandes como Dresde y Praga, pequeñas como Passau, Usti nad Lab o Litomerice o pueblos pequeños, algunos prácticamente desaparecidos bajo la fuerza de las aguas en angostos valles de la Suiza sajona o Bohemia. Los europeos llevan tiempo presumiendo con razón de que, desde 1945, gozan del periodo de paz más largo de su historia en esta región central escenario de sus luchas intestinas más brutales. Allí se libraron las principales batallas de la guerra de los Treinta Años, allí se gestó la Paz de Westfalia que aún marca al mundo, allí debatieron en su logia masónica en el castillo de Kukuckstein, en un valle hoy arrasado, los poetas Novalis y Fichte sobre amor a la patria, a la belleza, a la integridad y la muerte y fue allí donde perdió Napoléon muchas de sus más legendarias batallas. Se combatió a muerte en dos Guerras Mundiales y se enfrentaron después, durante medio siglo de guerra fría, Occidente y el imperio soviético. Pero nunca hubo tamaña destrucción. Junto a la posada del Caballo Blanco en Pirna, al sur de Dresde, en la que se hospedaba Goethe en sus viajes a Marienbad, se amontonan todas las propiedades de los vecinos, convertidas de un día a otro en meros escombros de hierro, piedra, ladrillo o madera.
De repente, en apenas dos semanas de agosto, toda la región se ha visto inmersa en desgracia y devastación, como sólo las guerras y pestes habrían sido capaces de generar en siglos pasados en esta región que fue una joya de evolución cultural en todo el medioevo, que sufrió la guerra de los Treinta Años y las posteriores, incluso los 40 años del régimen comunista y su culto al feísmo sin mayor transformación. El comunismo ignoró afortunadamente este rincón idílico de la Suiza sajona y la Bohemia rural y había permitido que esta región quedara como una de las más bellas y armoniosas que existen en Europa, con sus ciudadelas medievales, sus casas burguesas alpinas, sus valles magníficos y rocas tantas veces pintadas por Caspar David Friedrich. Pero esos valles con sus arroyos, aliados con el río Elba, han traído la desgracia nunca vista.
Quienes desde países no afectados aún creen que ha sido una catástrofe más de la que países modernos y desarrollados, cuando no pudientes, pueden recuperarse sin mayores problemas, están equivocados, afirman ya políticos, sociólogos y científicos. Esta agua y estos lodos van a cambiar a Europa, dicen. Moverán molinos de voluntades y cambiarán, en surcos profundos como los arrancados al lecho de los ríos, las convicciones. Si el atentado contra las Torres Gemelas acabó con la inocencia de unos Estados Unidos que se creían invulnerables, las inundaciones de agosto acaban con la percepción de las sociedades centroeuropeas de que las tragedias masivas son un mero síntoma más del subdesarrollo del Tercer Mundo. Como ‘la peor catástrofe nacional desde la II Guerra Mundial’ la han calificado el canciller alemán Gerhard Schröder y su rival democristiano Edmund Stoiber.
El mundo del bienestar tiene ya otro enemigo que compartir con los pobres del hemisferio sur. A la inseguridad que genera el terrorismo internacional se une la convicción de que, con su arrogancia, ambición y ceguera, ha creado otro enemigo mucho más temible si cabe, que es una naturaleza sacada de quicio por los abusos de la intervención humana. Se han modificado los cauces naturales de los ríos hasta convertirlos en autopistas para el tráfico fluvial. El Rin tiene hoy mil kilómetros menos de recorrido que a principios del XIX. Las crecidas ya no desbordan paulatinamente en riberas naturales, sino que se convierten en trombas que, lanzadas por el cauce artificial, cuando salen de éste arrasan todo lo que encuentran a su paso. La alta montaña, despojada de su foresta por la industria del esquí y la lluvia ácida, lanza ingentes masas de agua sin freno alguno hacia los cauces de arroyos y ríos que se tornan en torrentes letales. La tierra tiene cada vez menos tiempo y menos superficie permeable para asumir las aguas. La forma de pensar de checos y alemanes orientales, también de austriacos y húngaros, sobre este látigo natural inmerecido va a modificar actitudes y percepciones sobre los vínculos entre ellos y con el proyecto europeo. También sobre su relación con quienes no quieren cambiar su política de intoxicación de la atmósfera y perversión del ambiente en general.
El corazón de Europa Central, los cuarteles del caudillo Wallenstein, las rutas de Goethe, los sueños de Schiller, los recuerdos de Lutero y los castillos del romanticismo europeo, de Herder o Heine, de la filosofía y la lírica alemana, valles de una belleza que rapta, están hoy cubiertos por un olor ácido de putrefacción y jugos fecales que recuerda a campos de refugiados de albaneses en pleno pánico de huida de los peores pozos de miseria. Se salvaban pinacotecas en Praga y Dresde, pero se hundían casas medievales que habían albergado a sus autores. Se han generado grandes emociones y no sólo dolorosas. Ahí está la solidaridad que ha unido en la tragedia del diluvio a alemanes del Este y el Oeste y a checos y alemanes, enconados entre sí tras la reciente disputa de otra tragedia europea como fue la cruel expulsión de los alemanes de los Sudetes tras la II Guerra Mundial. En todo caso, todo sugiere que, pese a la rapidez de los tiempos rápidos, la miseria espontánea de agosto de 2002 dejará una huella perenne, tan profunda como la generada por la guerra de los Treinta Años u otros dramas europeos a los que esta bellísima esquina del mundo ha servido de dignísimo, épico escenario.

Vista general de la histórica ciudad alemana de Dresde, con el edificio de la Ópera (centro) anegado por las inundaciones. EPA
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EL ATLÁNTICO SE ENSANCHA

Por HERMANN TERTSCH
El País  Viernes, 30.08.02

COLUMNA

El presidente George W. Bush y los halcones de su Administración, Dick Cheney, Donald Rumsfeld, Condoleeza Rice, Paul Wolfowitz, Richard Perle y tantos otros, han logrado el más difícil todavía. Cuando no se ha cumplido aún el primer aniversario del 11-S, han conseguido forjar en el mundo la mayor alianza jamás vista en contra de sí mismos. Con sus planes de atacar a Irak para derribar a Sadam Husein sin tener en cuenta la opinión de sus aliados, sin la aprobación de la ONU y sin consultar a su propio Congreso, Bush pasará a los anales de las relaciones internacionales. Granjearse tanto desafecto a las propias intenciones no es poco mérito cuando se gozaba de la mayor solidaridad mundial jamás mostrada a EE UU.
Pero 11 meses y medio cunden a la Administración Bush. Ha logrado que en un sondeo televisivo en el Reino Unido, aliado incondicional de EE UU, el 63% de los participantes considere que Bush es mayor peligro para la paz mundial que Sadam. Puede que el resultado entre los británicos se deba al exceso del vicepresidente Dick Cheney, que comparó a Bush con Churchill. Cierto es que el estadounidense medio no conoce a otro político europeo que a Churchill, aparte de Hitler y Stalin. Pero insultos aparte, la ansiedad que revelaba Rumsfeld por atacar a Irak sin considerar otros intereses que no sean los propios -algún temor genuino a Irak, muchos temores a las investigaciones de los fraudes de compañías amigas íntimas como Enron y demás fiascos económicos ante unas elecciones al Congreso- ha alarmado tanto que líderes mundiales y políticos norteamericanos, incluidos muchos republicanos, compiten desde hace días por marcar la mayor distancia a dichos planes de guerra.
¡Qué inverosímil la alianza que ha creado Bush! El canciller alemán Gerhard Schröder coincide con el rey saudí, éste con el presidente de Irán y éste a su vez con Jacques Chirac, el presidente chino, la totalidad del Tercer Mundo, el ruso Vladímir Putin, toda Latinoamérica y el mundo árabe, como una piña por primera vez en la historia. Todos están de acuerdo en que Sadam es una amenaza, un genocida y un sátrapa, cuya desaparición celebrarían. Al tiempo lanzan un mensaje que Washington considera irrelevante: no participaremos en una aventura militar concebida en la Casa Blanca y el Pentágono para mayor gloria propia y sin prever consecuencias.

El jefe del Pentágono, Rumsfeld, ya ha dicho que reticencias y oposición abierta de la comunidad internacional no alteran sus planes y que muchos países enmendarán su error y se unirán a su causa una vez haya empezado la campaña bélica. Pero el mito del solitario justiciero ya parece no funcionar ni en EE UU. Ya son poco más del 20% de los norteamericanos los que están a favor de una guerra contra Irak en solitario. Y cada vez más los que favorecen posiciones europeas, hasta ahora calificadas de ‘cobardes’ o ‘tibias’, de forzar en el Consejo de Seguridad una aceptación sin condiciones de la presencia de monitores por parte de Irak y evitar así la intervención. No en otro sentido va la propuesta británica de dar a Irak la oportunidad, a tiempo fijo, de aceptar la inspección. Pero Cheney ya ha dicho que a EE UU no le interesa la inspección porque no cree en su solvencia. Y ha lanzado una campaña para desacreditar toda inspección de la ONU en Irak. Sadam dice que si le van a atacar de todos modos, de qué sirve dar facilidades de inspección. El choque de civilizaciones sólo se producirá, dicen los analistas, si los poderosos lo provocan. Al hablar de ello siempre se pensaba en el conflicto Occidente-Islam. Pero si el eje Bush-Cheney-Rumsfeld impone la guerra al mundo, el choque de civilizaciones puede tener otros escenarios, como el Atlántico, que lleva un año ensanchándose. Cada vez nos une menos, cada vez hay más fuerzas de mutua repugnancia y abismos culturales. De consumarse la ruptura, todos viviríamos en mayor inseguridad y Europa habría de consolarse con no haberlo provocado.
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EL DEBATE VISTO DESDE LA TRAGEDIA

Por HERMANN TERTSCH
El País,  Dresde, 27.08.02

REPORTAJE

Los habitantes de las zonas devastadas por las riadas en Alemania observan con escepticismo las promesas electorales

‘Los grandes partidos no pueden dar la imagen de que utilizan la tragedia para sus litigios electorales’. La tragedia a la que se refería el cristianodemócrata Edmund Stoiber, presidente de Baviera y candidato a la cancillería alemana, es el diluvio que sumergió a gran parte del este y del sur de Alemania bajo las aguas durante las últimas dos semanas y la ha devuelto a la superficie en ruinas, como paisaje después de una guerra. El canciller federal alemán, Gerhard Schröder, no tuvo nada que objetar a esta frase de quien aspira a arrebatarle el cargo el 22 de septiembre. Ambos habían hecho acto de presencia en los escenarios de una destrucción que recuerda a la devastación de Dresde después de la guerra tras el bombardeo ordenado por Churchill en la primavera de 1945.
Mucho discutieron en los medios alemanes ya la noche del domingo y todo el día de ayer quién había sido más convincente y quién el ganador absoluto de un debate entre los máximos aspirantes a la jefatura del Gobierno que no tiene precedentes en la historia electoral de Alemania. Los dos partidos, SPD y CDU-CSU, daban ganador a su candidato, cargaban armas para el segundo debate, que se celebrará el 8 de septiembre, y hacían reflexiones sobre los efectos inducidos, sugeridos o inspirados de los ademanes, la vestimenta, la apariencia y lo manifestado por los protagonistas.
¿En toda Alemania? No. En la Ciudad Nueva de Dresde -que lo es menos que la llamada antigua porque fue menos bombardeada y ha repetido suerte, no viéndose demasiado afectada por la riada y, por tanto, con luz eléctrica para ver la televisión-, en la taberna de Peter de la calle Rothenburgo, el público era más ecuánime que todos los analistas y políticos que se manifestaron por televisión. Había allí una pareja de punkis, algún sospechoso de larga trayectoria de cabeza rapada y padres de familia crecidos en el socialismo real, con escasas posibilidades de conseguir un trabajo digno en lo que les queda de vida y escarmentados de promesas mucho antes de que los dos candidatos aprendieran a proferirlas. Todos miembros de la hermandad de la desilusión. Para ellos, la tragedia que ha acabado con los sueños de amigos, familiares y paisanos no es sino una reafirmación del fatalismo propio.
‘Si no hubiéramos ido, alguien podría haber pensado que aquello no nos interesaba’, había dicho el canciller, casi pidiendo perdón por haber tenido unos reflejos que no tuvo su contrincante y que pueden ayudarle a ganar unas elecciones que hace un mes tenía perdidas. Schröder movilizó muy pronto a su partido y se presentó en algunas de las zonas más afectadas cuando Stoiber aún se resistía a abandonar su veraneo en una isla del mar del Norte. Ninguno de los dos quiso hacer un ‘homenaje íntimo’ a las víctimas y llegaron rodeados de cámaras. El domingo ambos hablaron de ‘catástrofe nacional’, ‘la mayor desde la II Guerra Mundial’, dijo Stoiber, olvidando quizá la división de Alemania y el 13 de agosto de 1961 en que la parte oriental, a la que ahora también le toca sufrir, quedó encerrada por casi tres décadas en una jaula.
‘Schröder vuelve a ser un medias tintas y Stoiber es un carca’, decía Ritchie, el punki. ‘No prometas cosas que no puedes mantener, Du Bayer’ (bávaro, más que bávaro), le espetaba un anciano a Stoiber cuando anunciaba que él acabaría con la llegada de inmigrantes. Pero después le daba la razón al bávaro cuando achacaba gran parte de la responsabilidad de más de cuatro millones de parados a la incapacidad de Schröder de llevar a cabo reformas por estar cautivo de grupos de presión como los sindicatos. En la taberna hubo empate, pero no en la ilusión, sino en la amargura. Ambos defraudaron: Schröder, por no vapulear al bávaro; el bávaro, por confirmar sus sospechas. Todo ello con la tragedia presente, la personal y la común de las aguas malolientes que todo lo anegaron y ha sumido en la desesperación a quienes más se han esforzado por lograr, tras la llegada del capitalismo hace una década, una vida mejor.

EL FINAL DE LA DIVISIÓN

‘Por Dios, no me pregunte por el debate de ayer. Mire lo que queda de mi casa’. La anciana de Glashütte no tiene tiempo de hablar, y menos sobre elecciones. En el corazón de la idílica región de la Suiza sajona, Glashütte parece haber sufrido un bombardeo. Con guantes y botas, intenta moverse entre los escombros, el barro maloliente, los tubos y cables que se extienden ante una ruina en la que había nacido ya su padre. Como en la mayoría de los pueblos de estos valles, todas las pertenencias de las familias que vivían cerca de los centenares de arroyos y ríos esperan en la calle a que pase un camión a recogerlas para llevarlas a uno de los depósitos de basura y escombros. Allá van papeles, fotografías y documentos irreconocibles, electrodomésticos, muebles, colchones, ropa y maletas. Nada vale. Esa escena se repite en toda la región, como allende la frontera checa, en Baviera, en Eslovaquia, en Hungría y en Austria. Pero también se repiten otras que reflejan un espíritu lejano al fatalismo, lúcido o no, de los espectadores de la taberna de Dresde. Decenas de millares de voluntarios hacen turnos de ocho horas en su lucha denodada por salvar lo salvable. Las donaciones han sorprendido y emocionado a toda Alemania y muchos creen que este movimiento de solidaridad puede suponer la superación definitiva de la división de esta nación en dos partes.

Dos mujeres, ayer en Berlín, ante carteles electorales de Schröder y Stoiber. EPA
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EL RETO DE STOIBER, EL BÁVARO SERIO

Por HERMANN TERTSCH
El País,  Madrid, 04.08.02

REPORTAJE

El candidato democristiano parte como favorito en las elecciones alemanas, pese al temor a sus facetas más duras e intolerantes

Bismarck se retorcerá en la tumba si un bávaro llega a canciller por primera vez

No es que hable con doble lenguaje el candidato; habla con creciente seguridad y rotunda convicción. Ni mucho menos que diga cosas distintas en sitios distintos de la geografía alemana en esta campaña electoral que oficialmente comienza ahora, pero que lleva ya meses en marcha. Pero sí las dice de otra forma. Se le notan mucho al señor Edmund Rüdiger Rudi Stoiber, presidente del Estado federado de Baviera y candidato a la cancillería en Berlín, sus ingentes esfuerzos, cuando interviene en el norte y en el este de Alemania, en reducir a un mínimo un acento bávaro que en su tierra natal parece siempre querer exagerar. El deje puede ser para un político lo que un saco de tierra atado al pie para un nadador.
No lo tiene fácil un bávaro para ser tomado en serio en Renania-Westfalia o Hamburgo, en Berlín o Brandeburgo. Aunque sea un hombre tan serio como el líder de la Unión Social Cristiana (CSU) bávara y hoy candidato de la Unión Cristiana Democrática (CDU) alemana para desbancar al socialdemócrata Gerhard Schröder en las elecciones del 22 de septiembre. En el norte no le sirve el humor bávaro con sus gracejos maliciosos, y menos aún el suyo, algo tosco, como sugiere el hecho de que su primera broma como parlamentario bávaro en los años setenta fuera ponerle a su coche una pegatina que rezaba ‘la izquierda apesta’.
Es muy vitalista, eso sí. De pequeño, reconoce en su propia página web, era un estudiante más bien mediocre y llegó a repetir un curso. No era, dicen sus asesores, ese niño pelota que tantos otros adivinan en el adulto. Lo que sí reconocen sus amigos es que era un maestro jugando al futbolín y vencedor constante de concursos de eructos con unos solos que impresionaban a sus rivales. Cuando ganaba, a lo uno o a lo otro, recuerdan, solía lanzar su particular grito de victoria: ‘¡Ruhm, Ruhm!’ (‘¡Gloria, fama!’). En fin, Edmund Stoiber era y es, como niño y como político (‘estadista’, se llama él a sí mismo), un ser muy decidido y nada dubitativo, pero nadie podrá acusarle jamás de ser un alma hipersensible. Sus asesores son conscientes de que el norte es ‘muy difícil’ para un católico bávaro ungido en lo que parece el espíritu redivivo de la contrarreforma. Saben que ni siquiera la profunda decepción del electorado ante una situación económica muy difícil y un Gobierno paralizado como el de Schröder en los últimos meses pueden hacer simpático a su candidato allende las lindes de su feudo bávaro, en el que, ahí sí, su mayoría absoluta parece tener garantía vitalicia. En Renania-Westfalia, el Estado más poblado de Alemania, la pasada semana su contrincante Schröder, en su peor momento, le aventajaba en valoración personal en casi treinta puntos.
Todo lo dicho anteriormente puede inducir a conclusiones muy erróneas. Porque, pese a todo ello y a bastante más, Stoiber, ‘el hacha rubia’ le llaman -‘rubio martillo de herejes’, diríamos aquí-, es hoy por hoy favorito a ganar las elecciones de septiembre, dejar al Gobierno socialdemócrata en fugaz episodio y llevar a Alemania a esa gran amalgama gobernante en Europa del quizá ya mal llamado conservadurismo de la centroderecha, la derecha clásica, el derechismo-populista y extremos derivados diversos. A veces estas tendencias son difíciles de distinguir. Y en Stoiber de hecho confluyen todas. Como hace décadas hizo feroz campaña en el parlamento bávaro en contra del nudismo y a favor de la presencia de crucifijos en la escuela pública, hoy se manifiesta partidario de medidas drásticas y contundentes en casi todos los campos, dependiendo siempre, por supuesto, de cuál es su audiencia. Partidarios y adversarios coinciden en otorgarle un instinto de poder ilimitado.
Su carrera política está jalonada por defenestraciones, en ocasiones muy poco elegantes, de sus rivales. Ayudó en su día a Franz Josef Strauss a liquidar a Alfred Goppel y auparlo a la presidencia de Baviera. Mandó años más tarde al ostracismo al único intelectual y moderado liberal que subsistía en el Gobierno bávaro, Hans Maier, ministro de cultura. Después de la muerte de Strauss, los principales rivales de Stoiber para suceder al león bávaro en la CSU, Max Streibl y Theo Waigel, se sumieron en el ocaso político por filtraciones sobre sus relaciones privilegiadas con empresas privadas y una apuesta esquiadora profesional, respectivamente. Las filtraciones le vinieron francamente bien al hacha rubia en plena lucha por la supremacía y el puesto de Strauss. Stoiber ganó. Tiene una vida familiar impoluta, según todas las noticias -mujer deportada de niña de la región de los Sudetes, como centenares de miles de electores en Baviera, tres hijos cabales y nietos felices-. Sin mácula en sus relaciones sentimentales, otra cosa parecen las que mantiene con la empresa privada y que le llevaron hace poco a tener que declarar ante una comisión de investigación del Bundestag. No hay cargos contra él, pero resulta improbable que no supiera nada sobre la inmensa trama de corrupción, compra de favores y lodazal financiero de la era de Strauss el que fuera su secretario de Estado y mano derecha. Pero los techos de tolerancia en cuestiones éticas en Alemania se han elevado ya mucho, y bajo ellos Stoiber se mueve con comodidad.
Cuando el drama que acongoja al Parlamento federal de un país con inmensos problemas de reestructuración y reforma está en el uso de las millas de vuelo sumadas en Lufthansa por los diputados y utilizadas en viajes privados, es que la credibilidad de la clase política ha tocado fondo. Los escándalos de la última década, desde el de Helmut Kohl al reciente del ministro de Defensa Rudolf Scharping, pasan factura. Pero Stoiber, un implicado, se ve muy paradójicamente beneficiado por este ambiente tan alejado de las tradicionales virtudes prusianas que reinaban en la antigua y nueva capital alemana. Nadie le ataca por ese flanco porque todos temen que se revelen sus propias vulnerabilidades. Así las cosas, ya nadie excluye que, por primera vez, un bávaro se haga con la cancillería en Berlín. Bismarck se retorcerá en la tumba. Muchos adversarios de Stoiber temen que las facetas más duras, populistas e intolerantes del hacha rubia estén aún por ver. Y ya tienen tantos motivos como Bismarck para retorcerse.

Stoiber, durante un acto público en Paderborn, el pasado 13 de julio. AP
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LOS RENGLONES TORCIDOS DEL SPD

Por HERMANN TERTSCH
El País,  Madrid, 04.08.02

CITA CON LAS URNAS EN ALEMANIA

Decía Isaíah Berlin que Dios escribe sobre renglones torcidos. Como casi siempre, tenía razón, pensará Gerhard Schröder ahora que se ve muy cerca de ser canciller de una sola legislatura cuando todo lo tenía a favor para imponer, con su coalición de socialdemócratas y verdes, un rumbo diferente al que tan espectacularmente quebró con la derrota de Helmut Kohl en 1998.
Hace un año tan sólo, sus rivales de la CDU, CSU y liberales del FDP estaban postrados, sumidos en querellas internas, lastrados por escándalos de corrupción, laminados por una reforma económica que el Gobierno estaba a punto de conseguir y lejos de cualquier esperanza.
La mayoría de los analistas y los encuestados creen que Schröder no merece tal suerte. Él sigue, en valoración personal, superando a su rival. Su ministro de Asuntos Exteriores, el verde Joschka Fischer, no sólo es el político más valorado del país y posiblemente el más brillante en su cargo junto al legendario Hans Dietrich Genscher, sino además la prueba definitiva de que Schröder tuvo razón al aliarse en 1998 con Fischer y su muy voluble tropa y no con el ejército de mediocres presuntuosos y demagogos del Partido Liberal. ¿Qué ha pasado entonces para que Stoiber sea ya una amenaza cierta el 22 de septiembre?
Ahí están los renglones torcidos. En un SPD que no ha tenido liderazgo ni coraje para emprender unas reformas que la economía y el mercado laboral necesitan. En un canciller que no ha sabido romper la baraja con la vocación paralizante de los sindicatos ni transmitir imagen de solvencia económica.

Stoiber transmite mucha antipatía, pero también esa solvencia que tanto añoran los alemanes. Baviera es, con todo su ruralismo tradicional empalagoso, un ejemplo de orden y solvencia. Schröder va a tener muy difícil demostrar a los alemanes que el sistema bávaro es reduccionista, reaccionario e inaplicable al resto del país. Si no lo logra, está perdido.
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